Crudas ,

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Visto desde la perspectiva de un lector adulto, este primer libro de poemas de Paz Busquet parece estar tocado por los temas de la sexualidad femenina, la violencia, la vida rural, y los recuerdos de infancia. El libro, sin embargo, trabaja más bien con el olvido y construye su mundo a partir de él. En Crudas, la infancia no es un espacio que se visita libremente a través de la memoria; antes bien, es el proceso mismo de recuperar, a tientas y a través del lenguaje, esa visión primaria y sensorial del primer mundo que habitamos. Así, Crudas entra directamente, evadiendo las definiciones conceptuales, en el ámbito de la pura sensación infanto-juvenil, en el que la muerte, la dicha y el dolor suceden de forma simultánea y sin explicaciones.

Comentarios

 

“Cuando la muerte y la sexualidad llegan demasiado temprano, la lucha por la supervivencia se transforma en un instinto primario. Entonces la escritura cobra una fuerza salvaje para cercar a esa presa que huye: la infancia, el deseo, o la vida misma. Animalidad y crudeza nutren los poemas de estas páginas con palabras que tocan la piel. Uno de los ejes de Crudas lo constituye el vínculo entre hermanas. Otro, las niñeras que se ocuparon de esas crías. ¿Hablamos del cuerpo aún caliente de una liebre? ¿O de una niña que muere en la ruta como doble de la autora? ¿Es el alumbramiento de la madre o el parto de una perra en un hábitat donde matar y morir son caras de una misma moneda?”. Javier Galarza

“En la portada del poemario vemos una imagen difusa que se desambigua una vez que hemos leído la primera parte del libro, “Paisajes de infancia”. Se trata, ahora sí, indudablemente, de un alambre de púas. Pero no es un alambre de púas electrificado, es el alambre que demarca una propiedad privada, un espacio de explotación ganadera. La sexualidad, el ocio, el juego de las niñas en el desierto, abren un espacio poético a la búsqueda de imágenes pregnantes, crudas”. Mariano Dorr

“Es imposible soslayar la índole religiosa del libro de Busquet, aunque se trate de una religiosidad en negativo abierta a una trascendencia ausente. El tono del último verso del libro Y yo sin ritual, sin religión es amargo, pero no es el cierre; en realidad contiene la cláusula de inicio que guía su despliegue: la construcción de un rito y de uno en particular: un rito de nacimiento”. Javier Foguet