Canto fijo ,

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Si el pasado debe ser recordado desde el punto de vista de los vencidos, entonces leer Canto fijo es buscar ese punto donde los hechos vuelven a decirse en la voz de los caídos. Esa voz recoge el autor, para anunciarla a sabiendas de una justicia imposible, pero en el ánimo, con el ánimo de esa justicia. Es indudable, hay un hecho de justeza en el poemario de Fernando Herrera. No solo hablamos de la temática del libro, que recoge la herencia judeo-cristiana y su paso por esta parte del mundo occidental, sino que, en palabras concisas, más bien justas, Herrera logra tomar esa voz que la historia olvida. La historia olvida siempre que dice: “Así fueron las cosas”. Los poemas de Canto fijo reclaman: “Así dejamos que fueran”, “así no debieron ser”.

Comentarios

 

Cantus firmus, o sea ‘canto fijo’ en latín, nos dice Fernando Herrera al iniciar las páginas de su poemario. El autor compone sus poemas sobre la base de una musicalidad atrapante, karmática, entre voces que desfilan y nos desafían por la historia, entre lo bíblico y lo moderno. Jugar entre las palabras del relato de la Creación, es jugar entre las palabras de lo narrado, de lo revelado. Reescribir la Creación como quien vuelve a nacer, venganza del ángel terrible, del dejado al costado en la Creación”. Emmanuel Taub 

Canto fijo pone en escena un eslabonamiento de poemas donde la lucha espiritual —no veo otra manera de llamarla— está manifiesta en todo momento, presente en cuanto lenguaje de una intimidad poética que no necesita hacer galas de presencia: por el contrario, sabe comedirse, y tras dejar su rastro, desaparecer. Leer Canto fijo nos lleva de la mano a un mundo sobrio y a la vez complejo; mundo de concisión y tropel de elementos, abundancia que signa esta obra como ejemplo vivo de la poesía latinoamericana que en este tiempo considero esencial y muchas veces tremenda”. José Kozer