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    Ritornelosde: Arturo Carrera

    Más allá de los tres tomos de sus obras reunidas, Vigilámbulo (Adriana Hidalgo , 2014) la influyente fluencia de la obra poética de Arturo Carrera continúa. Para probarlo irrefutablemente, presentamos aquí un ritornelo inédito, Chiquita Gramajo y otro en primera edición argentina, Ritornelo de Malmö, precedentemente publicado sólo para bibliófilos, en México, así como Ritornelo de la gran nevada que es el Fasto de la gran nevada en una nueva versión. Hacemos, por otra parte, un homenaje al alma mater de estos jóvenes Cuadernos, con Juguetes, un ritornelo que apareció por primera vez en el nº 30 de Hablar de poesía. Estos poemas siguen (como los antiguos haikus que debían nombrar obligatoriamente las estaciones) un orden casi secreto: otoño sueco, invierno de nieves, primavera humana del bebé, verano de carnaval. Con un lenguaje coloquial tan depurado que tiene ya la serenidad de lo clásico, los dos primeros son a la vez sentimiento del paisaje y sentimiento hecho paisaje, mientras que los dos últimos son ejemplos cabales del tratamiento tan particular que Carrera ha sabido dar a la niñez como hecho de escritura. Con este nuevo Cuaderno firmado por una figura de primer plano, y después de haber dado a la estampa traducciones de Montale y de Auden, así como cuatro ensayos sobre poetas argentinos, inauguramos lo que será, lo esperamos, una larga serie de libros de creación de poetas contemporáneos.

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    Siguiente vitalidad 2da ed.de: Natalia Litvinova

    ¿Qué dosis de extranjería podemos recibir? Si leemos desde acá, Siguiente vitalidad nombra extrañas palabras: Gómel, Chernóbil, Prípiat. Palabras lejanas, que dichas por Natalia, se arriman sin tocarnos. Hay una ofrenda en la poesía de Litvinova y hay, a la vez, una distancia infranqueable. Hay una promesa y una retraída. Lo vemos en sus paisajes, la autora escribe: “O mejor el bosque, donde hay flores, hongos/ radiación y casi no hay recuerdos.” Este ofrecimiento idílico se interrumpe de improviso por la historia de un país ―hoy en día― desaparecido. Bielorrusia rompe la lírica del poema, trae la extranjería que pedimos; sí, pero contada dulce, dulcemente.

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    Tenerde: Robin Myers

    Teneres el segundo libro de Robin Myers; es una sola sección de 59 poemas consecutivos, todos ellos sin título. Los elementos no estrictamente poéticos son solo dos: una dedicatoria (“para Á”) y un acápite que dice: “Primero va el primer poema, / el último va último, / y los demás se pueden leer en cualquier orden”.Tenerno impone lineamientos de lectura ni enuncia sus propias condiciones de creación; por ejemplo, no se explicita que parte del libro está escrito en boca de una figura masculina; tampoco sabemos, fuera de algunos indicios, ni dónde ni cuándo suceden los poemas. El resultado es un libro cuya intención principal no es establecer los límites de su propia recepción, sino ofrendarnos imágenes de “lo que hay”, sin restringir eso a una locación o a un objeto particular. Esta frase, “lo que hay”, es uno de los títulos deLo demás, su primer libro, y en esta categoría impersonal, pero material, entran distintos elementos: vivencias diminutas, visiones parciales, recuerdos. En esta categoría entra lo que no se tuvo, y entra también lo que se tuvo y se perdió. Entra todo lo que alguna vez tuvimos, o aún esperamos tener: “Las babushkas de Chernóbil, / su negativa a vivir en ninguna / otra parte; su salo y su aguardiente casero; / la cosecha de frutillas en Gaza; / los ciclos vitales de diecisiete años / de las cigarras; el submarino que no vuelve / y que se va, como se dice, ‘de patrulla eterna’. // Me entreno para recibirlas”.

    “Soy lo que amo y lo que amo es mío”, dice otro poema. Todo “lo que hay”: eso es lo que se tiene. Y lo que se tiene: eso es quien ama.

    Este libro, que en muchos sentidos se articula de modo impersonal, o sin imponer definiciones claras, no deja sin embargo de construir una imagen de una ofrendante: percibimos la sensibilidad de su atención, el cuidado con que recolecta, recibe y nos devuelve fragmentos de nuestras vidas. Muchos de ellos son imágenes que cualquiera podría dar, sin sospechar que serían tenidas por valiosas: “Por un tiempo intenté escribirlo todo: / pájaros vistos al pasar en caminatas, / comidas compartidas o no / (…) las cosas que pasaron por la cara / de mi papá los meses / de su enfermedad, / los vecinos y las cosas que les escuchaba / gritarles a sus hijos…”.Tenernos devuelve nuestras propias daciones: las imágenes que ofrendamos sin saber, ignorando que alguien las recibirá como propias. Y porque los poemas nos devuelven lo que hemos dado, es como si nosotros fuéramos parte del libro. Fuéramos lo que la poeta, y por extensión el libro,tiene: “No es que no haya visto / lo que hiciste / (…) Te conozco más / que al juez”.

    Uno de los poemas más impresionantes del libro muestra este movimiento entre tener y dar, entre poseer y ofrendar:

    La mayoría de nosotros, ¿no es así?,
    quiere tener algo
    que dar.
         Un recuerdo de mi papá
         durante una de las tantas guerras, asando
              berenjenas
         al aire libre, bajo la nieve,

         una felicidad nueva.

    Como en el “Soneto XX” de la primera parte de losSonetos a Orfeode R. M. Rilke, que comienza así:

    Pero a ti, Señor, ¿qué he de ofrendarte, di
    tú, el que enseña el oír a criaturas?
    Mi recuerdo de un día de primavera,
    su atardecer, en Rusia, un caballo…

    lo que la ofrendante elige dar es un recuerdo, una imagen entre tantas; pero más que eso, lo que se da es una forma de ver, una forma de oír tales que la materia misma de la vida sea, exista y tenga valor ante nuestros ojos.

    Tenerconvierte el armario de la razón en una alacena: cuando vamos a buscar una coordenada, un argumento, una cifra, encontramos los materiales de la vida en estado puro: la carne vencida, la cuchara sin lustre, los cuervos, la nieve.

     

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    Un asterisco Poloniade: José Kozer

    Ir por los tiempos donde no se estuvo para buscarles las palabras y entonces quedarse —como quien dice: a pasar la noche— en el tiempo que nos toca. José Kozer salta, al mejor estilo paratáctico, de un momento a otro: no solo el contenido de sus poemas viaja en las épocas, son también los usos del lenguaje los que llevan al lector de un español antiguo “oh muchachos al galope ved” hasta el uso de un inglés ex machina: “a) coprolitos, b) copyright, c) kozer josé.”

    Un asterisco Polonia es un poemario escrito por un cubano expatriado que vive actualmente en Estados Unidos y lleva la lengua —perdida, por eso mismo poética— de Chéjonov, la aldea natal de su padre en la frontera con Ucrania, pueblo que más tarde los nazis destruyeron hasta volverlo inexistente.

    La migración de Kozer es doble: desde el niño que comienza a escribir en el cuarto con muebles de caoba durante las horas muertas en La Habana, hasta el hombre que lleva al día de la fecha más de once mil poemas escritos. Pero también la escritura de José migra del yiddish al cubano y del cubano al inglés, que es como decir: de las rémoras de la guerra en Polonia, pasando por esa Cuba en plena estampida revolucionaria hasta las fauces mismas de occidente. Recordemos del latín occidens: el que mata y el que muere.