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    El baile de las condicionesde: Óscar de Pablo

    Supongamos que hubiera un libro que fusionara el arrojo de la vanguardia con el entusiasmo por la innovación formal de los Siglos de Oro. Que trabajara con una especie de furiosa artesanía modernista materiales provenientes de la historia, de la actualidad política. Un libro en el que la poesía fuera una celebración sagrada, pero también un instrumento panfletario. Un libro que en estos tiempos de abulia existencial nos hiciera sentir la fuerza de la poesía, su pulso vivo. Pues bien, ese libro, ese milagro, existe: lo tiene usted ahora entre sus manos. Ábralo con tanta voracidad como cuidado.

    Alejandro Crotto

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    Las poéticas del siglo XXde: Raúl Gustavo Aguirre

    Nadie podría servirse de estas poéticas como de un recetario para producir poemas. Pero también es legítimo decir que estas poéticas expresan, a veces en forma dramática, la vocación ancestral de la actividad creadora de los seres humanos por situarlos en el universo, por hallar una respuesta —y mejores preguntas— para las eternas dudas acerca de la existencia y la realidad: qué puedo saber de mí y de lo otro, y también qué puedo hacer o cómo puedo obrar. Esta última, quizás, ha sido la preocupación dominante en las poéticas del último siglo: en lugar de ser “caminos hacia la belleza del decir”, como sus semejantes de los siglos XVI y XVII, fueron más que nada “caminos hacia la belleza del obrar”. Como nunca, el destino de la criatura humana está implícito en las poéticas del siglo XX.

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    Valorado en 5.00 de 5
    Canto fijode: Fernando Herrera

    Si el pasado debe ser recordado desde el punto de vista de los vencidos, entonces leer Canto fijo es buscar ese punto donde los hechos vuelven a decirse en la voz de los caídos. Esa voz recoge el autor, para anunciarla a sabiendas de una justicia imposible, pero en el ánimo, con el ánimo de esa justicia. Es indudable, hay un hecho de justeza en el poemario de Fernando Herrera. No solo hablamos de la temática del libro, que recoge la herencia judeo-cristiana y su paso por esta parte de mundo occidental, sino que, en palabras concisas, más bien justas, Herrera logra tomar esa voz que la historia olvida. La historia olvida siempre que dice “así fueron las cosas”. Los poemas de Canto fijo reclaman: “así dejamos que fueran”, “así no debieron ser”.

    Lxs editores

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    Crudasde: Paz Busquet

    No es casual, el primer poema Amor a los 5 nos habla de una experiencia fuera de término: una escena de sexo a los cinco años de una niña. El último poema de la última serie, concluye: “Y yo sin un ritual, sin religión”. Paz Busquet pareciera hablarnos otra vez de una experiencia fuera de término: algo que está de más o de menos ―en su vida, en la vida― algo que no es posible digerir con este cuerpo tal y como se lo tiene. Demasiado pequeño, demasiado mujer, demasiado animal. Leer Crudas es ir a un demasiado. Leerlo en palabras jóvenes, y por qué no, casi inocentes.

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    Siguiente vitalidadde: Natalia Litvinova

    ¿Qué dosis de extranjería podemos recibir? Si leemos desde acá, Siguiente vitalidad nombra extrañas palabras: Gómel, Chernóbil, Prípiat. Palabras lejanas, que dichas por Natalia, se arriman sin tocarnos. Hay una ofrenda en la poesía de Litvinova y hay, a la vez, una distancia infranqueable. Hay una promesa y una retraída. Lo vemos en sus paisajes, la autora escribe: “O mejor el bosque, donde hay flores, hongos/ radiación y casi no hay recuerdos.” Este ofrecimiento idílico se interrumpe de improviso por la historia de un país ―hoy en día― desaparecido. Bielorrusia rompe la lírica del poema, trae la extranjería que pedimos; sí, pero contada dulce, dulcemente.

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    Disparó el armade: Mariné Petrossian

    Disparó el arma se centra en los acontecimientos que tuvieron lugar en los últimos años de la República Socialista Soviética de Armenia. Pero sus poemas no dejan de resultar cercanos a los lectores hispanohablantes en gran medida por la sencillez con la que la autora se decide a escribir. “Antipoesía” es uno de los lemas de Petrossian. Nada de elocuencia y excesos de lirismo. Entre la poesía y el periodismo, la escritora se maneja en un límite que sorprende. Criada en la URSS, su punto de vista también nos deja llenos de preguntas.

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    Templo del Mundode: Yannis Yfantis

    Templo del Mundo arrastra épocas. Vemos los siglos transcurridos desde esa Grecia arcaica de templos y panteones, hasta la actualidad. Actualidad que sin embargo sigue siendo mítica. Yannis Yfantís escribe: “Que vivimos míticamente se nos escapa”. Pareciera decirnos: el tiempo del mito ―tiempo heleno donde los dioses se peleaban y se gustaban con los hombres―, es también nuestro tiempo. ¿Qué vemos en Templo del Mundo? Vemos los mitos del hombre tan antiguos como actuales, dichos por un griego, un poeta griego de hoy, que vive hoy en esta Grecia atravesada por el mito imperial de un mundo que dice andar plantado en la razón.

    «…Yannis Yfantís, el más hereje y blasfemo, aunque quizá también el más inspirado poeta griego que existe hoy en día».

    Dimoszenis Kúrtuvik, «Τα Νέα», 17-07-1992

    «…Yfantís “cree” en su origen “solar-regio” y en todo lo que además constituye una continuidad de los poetas proclamados divinos, que no consiguieron el conocimiento sino sólo por medio del estudio de los seres vivos mismos, de ninguna otra manera…».

    Yorgos Markópulos, «Excursión hacia la otra lengua», Νεφέλη, 1994

    «…En el ámbito de la poesía daré un énfasis especial a la colección Templo del mundo, de Yannis Yfantís, el más peculiar y orgíaco de nuestros poetas en activo. Su misticismo fisiócrata encuentra aquí algunas de sus más bellas expresiones…»

    Dimoszenis Kúrtuvik, «Τα Νέα», 30-12-1997

    «…Como querían los místicos, cada cosa es una letra, cada cosa es una frase; el titileo de la materia en nuestros ojos constituye anagramas de un alfabeto divino. Para Yfantís, la obra lírica es la concordancia gramática revelada de esta acción de dotar ad infinitum de significado a todas las cosas, hasta el significado inefable, primordial, la fuente del mundo».

    Evyenios Aranitsis, «Ελευθεροτυπία», 28-05-1997

    «…Mi poeta neogriego favorito de los últimos años… La refulgente calidad del trabajo de Yfantís tendrá que ser responsable de la conspiración de silencio con la que lo recibieron las mafias de los mediocres y de los relacionados con lo público, las camarillas organizadas –privadas o estatales– de nuestras letras. Ora necrofílicamente seria en apariencia, ora con la vulgaridad de los nuevos ricos, la Grecia de los tiempos de la pseudo-modernización quizá no necesite a los verdaderos poetas como Yfantís…»

    Vaguelis Raptópulos, «Τα Νέα», fin de semana del 6 al 7 de abril de 2002

    «… Yfantís, este místico griego… Ora tranquilo y dulce, ora iracundo y sarcástico, realista e intuitivo, terrenal y a la vez ilusorio, se bebe el mundo desde el principio rompiendo las estructuras-jaula que no permiten a la gente disfrutar de la vida “en su primer valor secreto”, como escribió otro místico de la poesía neogriega, Ánguelos Sikelianós».

    Z.E. Markópulos, «Τα Νέα», «Παρέμβαση 100», otoño de 1997

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    Lo atenuadode: Javier Galarza

    “Tu nombre, como nada en nadie más”, Javier Galarza termina más de un poema así. Remate que vemos aparecer en otro de sus libros. Queremos decir, remate que insiste, que cobra el lugar de una insistencia: yo y tú. O más bien: tú entonces yo. Galarza antepone un tú, un tú cualquiera; ese, alguien, alguno, al menos uno, para decir luego “Mendigo yo. Extraño yo.”

    “Alguno es el que queda cuando ya no hay nadie” escribe Blanchot, autor que Galarza cita en el epígrafe de Lo atenuado. Esa textualidad entonces. Al menos alguien y luego el mundo.

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    Aprender a dormirde: John Burnside

    El tema central de Aprender a dormir es el duelo, dice Burnside en el prólogo que escribió especialmente para el libro. Pero los poemas no son sobre el dolor, sino sobre la disciplina mediante la cual el dolor se cura. Y esto no se limita al dolor de una perdida personal, sino también al que nace de la injusticia social, la contaminación, el racismo y el sexismo, los prejuicios nacionalistas…

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    Borges como símbolode: Bernardo Schiavetta

    En las breves pero densas páginas de Valéry como símbolo, Borges establecía un paralelo entre Whitman y Valéry, cuyas obras le parecían “menos preciosas como poesía que como signo de un poeta ejemplar, creado por esa obra”. Esa ejemplaridad vale sin ninguna duda para Borges mismo, y Javier Adúriz se refiere a ella desde múltiples ángulos, como lo hace Jason Wilson sobre la última etapa de la poesía borgeana. Nicolás Magaril nos ofrece, justamente sobre Whitman, una minuciosa historia de la fascinación ejercida por el estadounidense sobre el argentino. Carlos Surghi y Arturo Álvarez Hernández tratan respectivamente de Homero y de la lengua latina, temas que repiten en casi todos los libros de Borges, mientras que Lucrecia Romera y Alejandro Crotto se concentran en el análisis individual de sendos poemas suyos. A modo de epílogo Franco Bordino y Bernardo Schiavetta tratan del rechazo sintomático de la influencia de Borges, una infructuosa discordia que ha aquejado y aqueja a varias generaciones de poetas y prosistas argentinos.

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    De la materia en forma de sonidode: Óscar de Pablo

    Alcanza un poema para que todo el materialismo de Óscar de Pablo increpe: “Patroclo en Chinameca”. De Pablo reescribe la tragedia al retomar el emblema de la guerra trágica: Troya. ¿Pero cuál es la verdadera tragedia?

    Para el poeta está claro: fue Patroclo, amante de Aquiles ―breve y espléndido como los héroes y los amantes―, la tragedia fue él. “Pero ocurrió tu ego al poco tiempo, como ocurren las grandes / derrotas de la historia”. Unos versos antes, el poeta ya anunciaba: “¿Quién te iba a dar permiso ―a ti― de ir a la guerra? Y desde luego que me fui contigo…”. Ese muchachito precoz que Aquiles llevó consigo para el amor más que para la guerra, para el esplendor más que para la historia, para él más que para los aqueos, fue Patroclo, que en la versión de de Pablo, dice:

    “Y me vestí la plata de tu traje de charro”… “La vestí enamorado, toda esa plata tuya”… “Porque a mí me mataron para que tú lloraras. No para que llorara mi madre ni mi pueblo. Pues nadie sabe el nombre de mi madre. Pues nadie sabe el nombre de mi pueblo”.

    Acá está el hilo que desenvuelve la tragedia que saca a la luz de Pablo: ni la muerte de Aquiles, ni la de Héctor, ni la Helena robada, ni su sombra: la tragedia son las tantas carnes que se fueron con el ego de uno. El individuo ―que bajo el manto del héroe― arrasa las historias y oculta con su lumbre los desahucios de los pueblos.

    “Saben el nombre de tu carne morena, saben el nombre de tu olor a montura (…) Aunque fuera mi cuerpo el que caía en el polvo, cuando el tuyo caía, digamos, en Criseida”.

    Como las crisis actuales del capitalismo ―que según dicen― nunca las sufre el capital, sino los pueblos, así las guerras de antaño en manos de un héroe, Aquiles, la bella Helena o quien fuere que en su nombre se monte el destino del pueblo, las sufren los que para esa guerra no tienen más que su propio esqueleto:

    “Porque el guapo eras tú, y el de la noble rabia, mientras yo no tenía más que el pellejo y eso fue lo que di”.

    Si quisiéramos encontrar la lectura materialista que revela la tragedia de aquellos que solo tienen su fuerza de trabajo para ofrecer al mercado, nada indica que el poema de de Pablo no pueda ser leído bajo este lente. Las batallas heroicas que Homero narró, de Pablo las actualiza al verlas ―lejos del esplendor heroico― como el desastre que se repite en la historia:

    “Han de llorar por ti, mi general. Han de llorar por ti, mierda de siglos. Por tu carne morena, por tu olor a montura”. Y ahí nomás, agrega:

    “Pero todos los reyes, aún los más pequeños, han nacido cobardes (…) demasiado cobardes para el anonimato”.

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    Hablar de poesía – Nº 37de: Hablar de poesía

    | Presencias

    Miguel Petreca – Los poemas chinos de Juanele

    Ricardo Herrera – Los autorretratos de Mastronardi

    | Zonas

    Alberto Silva – La poesía del renga

    Helen Vendler – “Cerdo Largo” – La interconexión de lo exótico, la muerte y lo fantástico en la poesía de Elizabeth Bishop. Traducción de Eugenia Santana Gotia

    | Dentro del poema

    Alejandro Crotto – De “Sombras” a “XV”

    Adela Busquet – Elvira Hernández no es reguero de pólvora

    | Poemas

    Daniel Lipara – Otra vida

    Julieta Troieli – Vuelven tus besos, es verano

    Gabirel Caldirola – Quedo y otros poemas

    Violeta González Santos – Dicen que la ceniza es la nueva nieve y otros poemas

    Ignacio Maroun – Frutillas Tamara y otros poemas

    Natalia Litvinova – Cesto de trenzas

    Paz Busquet – La casa de Lázaro y otros poemas

    Nahuel Lardies – Mar del Sur y otros poemas

    | Versiones

    Ezequiel Zaidenwerg – Ocean Voung

    Eleonora González Capria – Margaret Atwood

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    Hablar de Poesía – Nº36de: Hablar de poesía

    1| Presencias

    Robert Hass – En busca de Rilke

    Drue Heinz – Entrevista a Ted Hughes

    2| Zonas

    Alejandro Crotto – El Rilke objetivista

    Eleonora González Capria – Petrarca, el imitador imitado

    3| Dentro del poema

    Alejandro Bekes – La última primavera de Horacio

    Silvio Mattoni – Ella iba de pana azul

    Elisa Molina – Ritmar (Rojas con Yepes)

    Lucas Brockenshire – “Patroclo en Chinameca” como antiaristía

    Paz Busquet – Un lobo en la nieve

    4| Poemas

    Mario Montalbetti – Espero que esto quiera decir algo

    Elena Anníbali – La verdad de la herida

    Sandro Barrella – El libro perdido de los hermanos

    Paula Jiménez España – Pachamama y otros poemas

    Javier Foguet – Montaña en el mar y otros poemas

    Pablo Seguí – Como un río sin bordes

    5| Versiones

    Ricardo H. Herrera – Emily Dickinson: El arte de la paz

    Lucas Brockenshire – Ósip Mandelshtam: “Guardá por siempre mi palabra, por su gusto a desventura y humo”

    Miguel Ángel Montezanti – Kathleen Raine: Durmiendo bajo una espina

    6| Críticas

    Franco Bordino – La poesía después de Auschwitz
    (Reseña de Geometría o angustia de Diego Bentivegna)

    Nahuel Lardies – Rilke sin fondo
    (Reseña de Rainer Maria Rilke (El vidente y lo oculto) de Mauricio Wiesenthal)

    Carlos Battilana – Una apertura del sentido
    (Reseña de Cuaderno de Oficio de Mirta Rosenberg)

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    In memoriamde: Raúl Zurita

    In memoriam: literalmente hacia la memoria. Expresión que demanda en su uso habitual, aquí omitido, un complemento genitivo; un quién, en memoria de quién, de quiénes. Al igual que INRI, otro título de Raúl Zurita, In memoriam es una expresión fúnebre que ha sido grabada sobre miles de cruces y tumbas a lo largo de la historia de occidente. In memoriam: a todos los muertos, dicho en una lengua muerta.
    Si el olvido es imposible, como ha dicho Zurita, entonces este poemario es una respuesta a las políticas de la desmemoria con las que ha comenzado el nuevo milenio. El primer poema, titulado “1973”, abre con la imagen del golpe a Allende. Y sobre esa historia chilena se superponen los recuerdos más dolorosos del poeta, que van desde la muerte temprana de su padre hasta el recuerdo del día en que abandonó a sus hijos. Más allá de estos dos espacios de la memoria yace un tercero: el trasfondo histórico en que son contemporáneas todas las dichas y desdichas humanas, incluidas las de Chile y las del propio poeta. Así, el cautiverio del pueblo de Joaquín de Judá en Babilonia se repite en los estadios de Chile, y un chileno cualquiera, como el Caronte de Dante, es el encargado de cruzar a los muertos a través de los ríos del Infierno.
    Uno de los hallazgos de este libro es haber dado un nuevo sentido al epitafio. En In memoriam, no son solo los vivos los que les escriben a los muertos: son también los mismos difuntos y amores pasados los que retornan, como fantasmas en la vejez del poeta, para hablar una vez más. Es por eso que este puente vivo, este Memorial del Dolor es sin duda uno de los poemarios más íntimos y duros de la obra de Raúl Zurita.

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    La noche sagradade: Javier Galarza

    La noche sagradade Javier Galarza nos aloja en este auténtico permanecer —un desvío, un atajo insondable, invitándonos a una reunión cumbre: Hölderlin, Rilke, Kafka, Celan, Tsvietáieva, Mandelstam, Jabès —y un reparto en el que escoltan destellos de Steiner, Gadamer, Freud, Bachmann, Sachs, Lacan, Nietzsche, Blanchot— dialogan entre sí y nos participan a nosotros, lectores testigos, convidados de piedra que en lo inminente seremos lava, porque arderemos leyendo sin ser vistos, porque arderemos ausentándonos.

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    La suerte del poemade: Valeria Melchiorre

    Valeria Melchiorre estudia la obra de diez poetas argentinos —Jorge Leonidas Escudero, Diana Bellesi, Arturo Carrera, Ricardo H. Herrera, Rodolfo Godino, Juan Manuel Inchauspe, Daniel Samoilovich, Lila Zemborain, Carmen Iriondo y Walter Cassara, entre otros— que se ubican predominantemente dentro pero también contra
    o bien al margen de las tendencias estilísticas más promocionadas; de esta manera, sin incurrir en las exclusiones practicadas por ciertas militancias estéticas, Melchiorre nos ofrece una visión panorámica de la poesía argentina contemporánea. En el ensayo nal, que da título al libro, se constata fundamentalmente la persistencia de ciertas hegemonías y de ciertas restricciones auto-impuestas al discurso poético. La autora sondea allí la producción de hoy, sin duda más lírica que la del decenio precedente; y pone el foco en escrituras a menudo ignoradas por ser minoritarias. Teniendo a la vista los trabajos de algunos de los más relevantes pensadores actuales, se incluyen todos esos aspectos en una reflexión sobre el posicionamiento problemático de la poesía y del arte frente al cambio de paradigma causado por la reproductibilidad digital, la hiperinformación y la hipercomunicación propias a nuestra cibercultura.

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    Las ciudades de aguade: Raúl Zurita

    Alcanza ver el poema 6 de las serie Las ciudades de agua para que salte a la vista la potencia de las preguntas que despierta este libro:

    Las ciudades de agua en tus ojos. ¿Son las ciudades de agua los ojos azules de Paulina Wendt, la mujer del poeta? Las ciudades de agua en Berlín. ¿Es Zurita en Berlín el año que vuelve a escribir después de mucho? Cierras entonces los ojos y empiezas a escribir algo solo por quieres oírla decir lo que siempre quisiste que te dijera. ¿Es Raúl Zurita solo en un departamento de la DAAD en el año 2002 tecleando de nuevo unos poemas después de una manifestación callejera? Tú también has salido y las figuras siguen en el puente como si se hubieran congelado. ¿Son los amantes del puente de Sarajevo en el año 1993? Es un puente a la salida de Sarajevo. ¿Son Admira Ismic y Bosko Brkic muriendo juntos en el puente de Vrbanja? Es un puente a la salida de Sarajevo. ¿Son Romeo y Julieta una vez más?  En la fotografía no se ven los rostros solo los cuerpos muertos y las manchas de sangre o de alquitrán sobre el pavimento. ¿Es la fantasía de una muerte que podría ser la suya y la de ella? Hay una forma perfecta para morir, pero no quieres morir.¿Es el poeta que está lejos y extraña?  Tú estás lejos y yo he comenzado a escribir. ¿Es el lector que agarra este libro porque también, de alguna manera está lejos?Siempre que se dice tú se dice algo que se pierde.

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    Las paradojas de la novedadde: Mariano Perez Carrazco

    «…la novedad considerada como valor destruye todo otro valor, ya que el valor se convierte en tal solamente por el hecho de ser nuevo. Así, no se puede decir que un poema es perfecto, bien construido, bello, pues ni la belleza, ni la construcción, ni la perfección son valores nuevos. En todo caso, hay que buscar una belleza, una perfección, una construcción aún desconocidas (es decir, nuevas); y aquí se cae en otra paradoja, pues si esos valores son aún desconocidos no se los puede utilizar como criterio de juicio. Afirmar, por ejemplo, que un poema es bello de una belleza desconocida implica formular una proposición que se destruye a sí misma».

    La tesis central desarrollada en este libro sostiene que la novedad considerada como valor se niega a sí misma, y, en consecuencia, un mundo fundado sobre el valor de lo nuevo, un mundo que tiene la novedad como supremo valor, acaba, necesariamente, en alguna forma de nihilismo. Estos ensayos rastrean la lógica de lo nuevo y la evolución de nuestra cultura hacia el nihilismo en diferentes autores y obras que han sido centrales en ese proceso histórico.

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    Litoral Centralde: Diego Alfaro Palma

    Tres cosas pasan en  Litoral Central: un amor por lo simple, un amor por lo poco o lo que podría no estar, y una política que reúne esas dos cosas en forma de decisión. La decisión de que cuando todo marcha a paso progreso, aparezca el verso “la política acuerda una hidroeléctrica” o “tan necesario como mantener una cuota de rencor contra los gimnasios”. Sorprende que esos versos —tan universales, tan conscientemente políticos— están a la par de detalles como este: “Te digo hay robles peumos y boldos para regenerar la tierra / y una flor de azar me respondes una flor de azar una flor de azar / y me calmo.” Oímos al poeta traer las voces de los barquilleros, de los derrotados, junto con las experiencias de la intimidad amorosa en toda su gravedad y su gracia. Se ve en la devoción de este verso: “danos la fe de aguardar la lluvia para las verduras”. Verso que sin la línea anterior sería otro poema y otro escritor: “perdona a esos industriales que no saben lo que hacen”.Litoral Central  amadrina lo personal pero lo diferencia de lo privado, nos muestra lo íntimo pero lo diferencia de lo individual y eso hermana al lector con el libro y con una esta región que podemos llamar Sudamérica.

    Pero algo especial pasa también en el poema “En el Bauen”. Nos recuerda a Gertrude Stein diciendo:  a rose is a rose is a rose is a rose , aunque en una versión distinta, quizá más vívida: una flor —de azar— y el alivio por esa flor —que por azar— y de azar — llegue y sea. Y el alivio también porque al repetir la frase, el mismo verso se pone a rezar. Habla igual a las plegarias:una flor de azar, una flor de azar…  un poco como pidiéndola y un poco como agradeciéndola. Y eso calma al verso y al lector, y eso, como dice el epígrafe del libro, nos devuelve al verano.

    Todo el poemario es una progresión de sinfonía. Después de leer el poema “Litoral Central” y pasar a la Coda, baja de un éxtasis de derviche o del canto general a las cosas y a los “pues compañeros”, hacia un final que termina pianísimo. Como apaciguando toda la revolcada del Litoral y devolviendo el aliento. Hay algo claro:  Litoral Centrales y ofrece una mirada sobre las cosas. A eso lo llamamos su ontología: una mirada que le hace una piedad a la realidad que tenemos. Y una piedad que le acaricia el lomo a la vida.

    Lxs editores

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    Pase lo que pasede: Omar Emilio Spósito

    Dejando atrás todo comedimiento, Omar Emilio Spósito reúne en Pase lo que pase un medio centenar de poemas que desnudan por completo su pantagruélica personalidad literaria, deseosa de los placeres comestibles, olfativos y bebibles que nos brinda la madre naturaleza, percibida desde la visión sensual del hombre. Lo vivido y el conglomerado cultural heredado conforman una materia prima en constante estado de fermentación, masa informe que se sustrae tanto a la simetría como a la cronología, merced a lo cual los poemas no admiten otra sistematización que la que provee el arbitrario orden alfabético: de la A a la Z. De “Aceituna” a “Zamora” va la línea que traza el libro y que en cierto modo constituye un círculo, en el cual la avidez del comienzo se anonada en la avidez del final. Pase lo que pase constituye un balance que pasa revista a una exuberante existencia, deteniéndose especialmente sobre dos realidades: la educación religiosa y su contrario (o contraveneno), un erotismo exaltado que nos ofrece una imagen nada estilizada de lo femenino. Con un realismo cercano al de la picaresca, la mujer ideal del poeta es una hembra pilosa, olorosa y violenta; una flor –pero carnívora– en constante guerra con su antagonista masculino.