Artesa (4)
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    Disparó el armade: Mariné Petrossian

    Disparó el arma se centra en los acontecimientos que tuvieron lugar en los últimos años de la República Socialista Soviética de Armenia. Pero sus poemas no dejan de resultar cercanos a los lectores hispanohablantes en gran medida por la sencillez con la que la autora se decide a escribir. “Antipoesía” es uno de los lemas de Petrossian. Nada de elocuencia y excesos de lirismo. Entre la poesía y el periodismo, la escritora se maneja en un límite que sorprende. Criada en la URSS, su punto de vista también nos deja llenos de preguntas.

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    Templo del Mundode: Yannis Yfantis

    Templo del Mundo arrastra épocas. Vemos los siglos transcurridos desde esa Grecia arcaica de templos y panteones, hasta la actualidad. Actualidad que sin embargo sigue siendo mítica. Yannis Yfantís escribe: “Que vivimos míticamente se nos escapa”. Pareciera decirnos: el tiempo del mito ―tiempo heleno donde los dioses se peleaban y se gustaban con los hombres―, es también nuestro tiempo. ¿Qué vemos en Templo del Mundo? Vemos los mitos del hombre tan antiguos como actuales, dichos por un griego, un poeta griego de hoy, que vive hoy en esta Grecia atravesada por el mito imperial de un mundo que dice andar plantado en la razón.

    «…Yannis Yfantís, el más hereje y blasfemo, aunque quizá también el más inspirado poeta griego que existe hoy en día».

    Dimoszenis Kúrtuvik, «Τα Νέα», 17-07-1992

    «…Yfantís “cree” en su origen “solar-regio” y en todo lo que además constituye una continuidad de los poetas proclamados divinos, que no consiguieron el conocimiento sino sólo por medio del estudio de los seres vivos mismos, de ninguna otra manera…».

    Yorgos Markópulos, «Excursión hacia la otra lengua», Νεφέλη, 1994

    «…En el ámbito de la poesía daré un énfasis especial a la colección Templo del mundo, de Yannis Yfantís, el más peculiar y orgíaco de nuestros poetas en activo. Su misticismo fisiócrata encuentra aquí algunas de sus más bellas expresiones…»

    Dimoszenis Kúrtuvik, «Τα Νέα», 30-12-1997

    «…Como querían los místicos, cada cosa es una letra, cada cosa es una frase; el titileo de la materia en nuestros ojos constituye anagramas de un alfabeto divino. Para Yfantís, la obra lírica es la concordancia gramática revelada de esta acción de dotar ad infinitum de significado a todas las cosas, hasta el significado inefable, primordial, la fuente del mundo».

    Evyenios Aranitsis, «Ελευθεροτυπία», 28-05-1997

    «…Mi poeta neogriego favorito de los últimos años… La refulgente calidad del trabajo de Yfantís tendrá que ser responsable de la conspiración de silencio con la que lo recibieron las mafias de los mediocres y de los relacionados con lo público, las camarillas organizadas –privadas o estatales– de nuestras letras. Ora necrofílicamente seria en apariencia, ora con la vulgaridad de los nuevos ricos, la Grecia de los tiempos de la pseudo-modernización quizá no necesite a los verdaderos poetas como Yfantís…»

    Vaguelis Raptópulos, «Τα Νέα», fin de semana del 6 al 7 de abril de 2002

    «… Yfantís, este místico griego… Ora tranquilo y dulce, ora iracundo y sarcástico, realista e intuitivo, terrenal y a la vez ilusorio, se bebe el mundo desde el principio rompiendo las estructuras-jaula que no permiten a la gente disfrutar de la vida “en su primer valor secreto”, como escribió otro místico de la poesía neogriega, Ánguelos Sikelianós».

    Z.E. Markópulos, «Τα Νέα», «Παρέμβαση 100», otoño de 1997

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    Aprender a dormirde: John Burnside

    El tema central de Aprender a dormir es el duelo, dice Burnside en el prólogo que escribió especialmente para el libro. Pero los poemas no son sobre el dolor, sino sobre la disciplina mediante la cual el dolor se cura. Y esto no se limita al dolor de una perdida personal, sino también al que nace de la injusticia social, la contaminación, el racismo y el sexismo, los prejuicios nacionalistas…

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    Tenerde: Robin Myers

    Teneres el segundo libro de Robin Myers; es una sola sección de 59 poemas consecutivos, todos ellos sin título. Los elementos no estrictamente poéticos son solo dos: una dedicatoria (“para Á”) y un acápite que dice: “Primero va el primer poema, / el último va último, / y los demás se pueden leer en cualquier orden”.Tenerno impone lineamientos de lectura ni enuncia sus propias condiciones de creación; por ejemplo, no se explicita que parte del libro está escrito en boca de una figura masculina; tampoco sabemos, fuera de algunos indicios, ni dónde ni cuándo suceden los poemas. El resultado es un libro cuya intención principal no es establecer los límites de su propia recepción, sino ofrendarnos imágenes de “lo que hay”, sin restringir eso a una locación o a un objeto particular. Esta frase, “lo que hay”, es uno de los títulos deLo demás, su primer libro, y en esta categoría impersonal, pero material, entran distintos elementos: vivencias diminutas, visiones parciales, recuerdos. En esta categoría entra lo que no se tuvo, y entra también lo que se tuvo y se perdió. Entra todo lo que alguna vez tuvimos, o aún esperamos tener: “Las babushkas de Chernóbil, / su negativa a vivir en ninguna / otra parte; su salo y su aguardiente casero; / la cosecha de frutillas en Gaza; / los ciclos vitales de diecisiete años / de las cigarras; el submarino que no vuelve / y que se va, como se dice, ‘de patrulla eterna’. // Me entreno para recibirlas”.

    “Soy lo que amo y lo que amo es mío”, dice otro poema. Todo “lo que hay”: eso es lo que se tiene. Y lo que se tiene: eso es quien ama.

    Este libro, que en muchos sentidos se articula de modo impersonal, o sin imponer definiciones claras, no deja sin embargo de construir una imagen de una ofrendante: percibimos la sensibilidad de su atención, el cuidado con que recolecta, recibe y nos devuelve fragmentos de nuestras vidas. Muchos de ellos son imágenes que cualquiera podría dar, sin sospechar que serían tenidas por valiosas: “Por un tiempo intenté escribirlo todo: / pájaros vistos al pasar en caminatas, / comidas compartidas o no / (…) las cosas que pasaron por la cara / de mi papá los meses / de su enfermedad, / los vecinos y las cosas que les escuchaba / gritarles a sus hijos…”.Tenernos devuelve nuestras propias daciones: las imágenes que ofrendamos sin saber, ignorando que alguien las recibirá como propias. Y porque los poemas nos devuelven lo que hemos dado, es como si nosotros fuéramos parte del libro. Fuéramos lo que la poeta, y por extensión el libro,tiene: “No es que no haya visto / lo que hiciste / (…) Te conozco más / que al juez”.

    Uno de los poemas más impresionantes del libro muestra este movimiento entre tener y dar, entre poseer y ofrendar:

    La mayoría de nosotros, ¿no es así?,
    quiere tener algo
    que dar.
         Un recuerdo de mi papá
         durante una de las tantas guerras, asando
              berenjenas
         al aire libre, bajo la nieve,

         una felicidad nueva.

    Como en el “Soneto XX” de la primera parte de losSonetos a Orfeode R. M. Rilke, que comienza así:

    Pero a ti, Señor, ¿qué he de ofrendarte, di
    tú, el que enseña el oír a criaturas?
    Mi recuerdo de un día de primavera,
    su atardecer, en Rusia, un caballo…

    lo que la ofrendante elige dar es un recuerdo, una imagen entre tantas; pero más que eso, lo que se da es una forma de ver, una forma de oír tales que la materia misma de la vida sea, exista y tenga valor ante nuestros ojos.

    Tenerconvierte el armario de la razón en una alacena: cuando vamos a buscar una coordenada, un argumento, una cifra, encontramos los materiales de la vida en estado puro: la carne vencida, la cuchara sin lustre, los cuervos, la nieve.