Palabras de Valerie Mejer en la presentación de Las ciudades de agua de Raúl Zurita
En marzo 30, 2018 | 0 Comentarios

EL DOLOR ACUÁTICO DE ZURITA

 

1.-Un solo sueño real, sueño de humanidad: con una gota del tintero, Zurita pinta el mar entero.

En primer lugar:  Impresionada por el número inmenso de poemas que tomaban y retomaban esta hermosa película llamada “Sueños” del director japonés Akira Kurosawa, le pregunté a Zurita dirigiéndonos apurados a una lectura suya en Nueva York…y todo el sitio cobró otro brillo y significado con la respuesta que me dio: “La vi una sola vez, por el tiempo en que salió y nunca más la he vuelto a ver”. Sólo se le grabó El túnel…donde el oficial se encuentra con unos de esos perros cargados de explosivos y con las caras azules de muertos del batallón que el dirigía…” Seguimos caminando hacia su conferencia donde dio lectura a algunos de esos poemas[1] y mientras avanzaba de uno a otro “sueño” donde su enfoque ha sido asumir la mirada de Kurosawa para ver su propia vida, así como considerarlo un interlocutor al que le habla y a veces tomar prestada su voz y su nombre (hay un poema que termina diciendo: “Mi nombre: Akira Kurosawa”) yo no salía de mi asombro de que haber visto la película por una única vez era como si el director japonés le hubiera dado un minúsculo frasco de tintura azul-verde con la que Zurita hubiera conseguido pintar el mar.

En segundo lugar: A través de nuestra correspondencia Zurita llamaba poemas de Humanidad a aquellos donde había una gran número de hombres y mujeres tratando de salir de la cueva, cayendo en el aire, intentando cruzar un estrecho en el mar: Me decía entonces: ahí te va otro poema de humanidad. De este mismo modo me dijo “Una gran parte de Las Ciudades de Aguay una enorme parte de los sueños de Humanidad provienen de un único y terrible sueño, me escribía Zurita: soñé hace años que veía el mar,  maravilloso, radiante, está amaneciendo, y al acercarme veo infinitos cadáveres que se movían con el vaivén de las olas, eran las rompientes hechas de cuerpos. Sólo cadáveres. Veo el mar,  maravilloso, radiante, está amaneciendo, y al acercarme veo infinitos cadáveres que se movían con el vaivén de las olas, eran las rompientes hechas de cuerpos. Sólo cadáveres. El último sueño de Kurosawa, es ese sueño.”

Ahora que sabemos que este sí fue un sueño, EL SUEÑO que originó cientos de poemas-sueños, resulta inolvidable que Zurita terminé el poema diciendo: “Este no es el sueño, este es el mar.”

 

2.-Otro mecanismo del sueño-obra: El éxodo y la orfandad como tornillo central de la reversibilidad del sueño-obra en “Las Ciudades de Agua”

El padre de Zurita murió cuando el poeta tenía dos años y medio se convirtió al morir de una larga enfermedad, en un retrato vivo. Por vía de un ritual de su abuela Veli para educar a sus nietos,  encontrado una forma de comunicarse con su paraíso perdido por vía de un retrato:

“Hay otra fotografía de papá, está enmarcada sobre una de las paredes del mismo dormitorio donde recuerdo me entregaron el lecherito de madera. Esa pared es el frecuente destino de una orden imperiosa: “Vayan a ver a su papá”. Es nuestra abuela. Asustados nos acercamos con mi hermana y vemos que la cara nos está mirando con una expresión triste, de enojo y reproche. Así castigaba nuestras faltas. Mi hermana me seguía como si quisiera esconderse detrás de mí y, sin embargo, cuando Veli quería mostrarnos su alegría por algo que habíamos hecho bien, nos mandaba de nuevo hacia la foto. Corremos porque sabemos que esta vez todo ha cambiado: el rostro está sonriendo.” (Zurita, El día más blanco 9)

Y es así que considero que la manera de mirar aquella fotografía de su padre fue una de las primeras “obras” del poeta Zurita. Y mientras lo digo casi lo escucho repetirme: “Los hechos en sí no son nada, es la piedad del arte lo que hace algo de ellos”. En su monumental memoria “El día más blanco” también se encuentra otra vía de volver a reunirse con su padre:

“Caminamos pegados a nuestra abuela que nos lleva los bolsones e imagino que el vapor plateado que se me escapa de la boca para no volver jamás es lo que ella llama el alma. Camino mirando mi propio aliento y siento que va a reunirse con todo aquello que es igual a él; sólo una niebla intangible, inaferrable como las otras almas que nos esperan en medio de la muralla sin fin donde continúan diciéndome que está mi padre.”

Ese algo que es el paraíso, es el sitio al que Zurita vuelve en su obra reciente, robando al sueño su estructura que no admite linealidad y que nos obliga a llevar muchos trajes y caras. Vuelve al paraíso como si nunca se hubiera perdido y luego lo pierde de vuelta, algo ocurre que lo descamina…Cuando el poema empieza, él, Zurita, está ahí, y lo intacto del recuerdo es lo que hace aún más fantasmal al paraíso perdido. Mas los éxodos son infinitos para Zurita, pero como diría él « desgraciadamente querida amiga a estas alturas nada en mi vida es teórico » y es su propio trayecto con otros, su dolor que lo abrió «a los muchos » y a aquellos a los que llama « humanidad » y que son también los hijos de los primeros expulsados del paraíso :

 

Cielo Abajo (fragmento)

 

El último funeral fue de un bisnieto de José

que crucificaron en lugar de ti, allí te empezaron

los temblores, el Parkinson, me dijo. Fue en la orilla de un río

y la cruz dividía el cielo en cuatro. Veli nos dice que

en todos los funerales han estado José y sus

hermanos y que papá era “buono”. José se pierde

en la fosa del tiempo como mi abuelo, como papá,

como todos nosotros. Ya es mañana y no has

vuelto mamá. Es el funeral de toda la tierra mamá.”

 

3.-Hondo es el pozo del tiempo y la escritura acuática de Las Ciudades de Agua :

 « Hondo es el pozo del tiempo » así con esta cita a La Montaña Mágica de Thomas Mann, se abre Las Ciudades de Agua, y es mucho más que un epígrafe, es una frase que varía y recurre en los poemas, como si los poemas fueran el pozo, hondo, donde cayéramos como personas, como máscaras, como animales, como humanidad bíblica e imaginaria. La licencia que le otorgan los hechos terribles para hablar de humanidad, esa palabra superlativa que Zurita hace sustantiva, se la dió el en verdad haber tenido compañeros de destino y el de verdad haber ido a dar a un barco cárcel, al Maipo con ellos…y el extraño privilegio de que Veli le hubiera leído de niño « Los Trabajadores del Mar » y que todo aquello resultara en la potencia acuática de « Los Boteros de la Noche » fragmento de las líquidas Ciudades de Agua y así mismo de la monumental obra Zurita. Fue alto el precio por la licencia de abarcar grandes espacios no domados aún para la poesía porque en las palabras del propio Zurita: Hubiera sido mucho mejor que nada de esto hubiera ocurrido, pero el hecho es que ocurrió. Es como si en sus memorias (“El día más blanco”) hubiera explicado cómo el padre se convirtió en alguien que nunca se fue,y en sus poemas, en ese reflejo deformado, aparece teniendo un rol activo, entrando y saliendo de los poemas construidos bajo la lógica del sueño. Son si embargo obras, trabajos con la historia íntima cruzados con la historia en mayúsculas, escritos desde el fondo de una piscina o de un pozo, o de ambos, desde donde la materialidad es sólo atmosférica y acuática. Zurita hace que sea el padre quien abre y cierra el libro. Abre con:

 

“No me hablas papá”

y cierra con:

“No me respondes papá”

 

En algunos poemas de este libro resulta reversible el papel del hijo y el papel del padre. Es Zurita al que acomoda como a un hijo en sus brazos al padre, pero es en el poema donde le da acomodo y donde lo interpela mientras cae también con él, con el padre-hijo, en el hondo pozo del tiempo. La caída se da sin embargo bajo el encantamiento de querer regresar al paraíso, la necesidad de revertir los hechos y saber y hacer saber adentro del poema mismo, un poema que multiplica sus facetas a través de las páginas de “las Ciudades de Agua”. Hay una piedad que Zurita le ha otorgado a los hechos escuetos de su vida, sabiendo que su vida no es sólo suya, sino parte de esa gran humanidad que se abre paso naciendo de una montaña que es también las piernas abiertas de su madre, y que se dirige al destino humano en común (este hecho es un poema de “Las Ciudades de Agua”), es autor como lo somos todos de las grandes destrucciones… y así asume el papel del pederasta, del que crucifica y es crucificado. Hay infinitas maneras de conseguir la universalidad, pero es en este cambio incesante de trajes e interlocutores (desde donde él es Kurosawa o es Kurosawa a quién se dirige), que Zurita alcanza la posibilidad de hablarle a todo y de todo.

Los testigos: las montañas, los farallones, los acantilados, los ríos, el cielo estrellado infinito que se abre como un dolor. Como si un ser humano mezquino, digno del Antiguo Testamento que Zurita cita e interpela, así como a los personajes de Finnegan’s Wake, fueran sujetos de entierros y matanzas que ocurren frente a una gran naturaleza que actúa como testigo, como marco de la desgracia pero también como aspiración humana de una estatura inalcanzable. Y por último una naturaleza que actúa como único escucha en la soledad y la tortura. Así escribe en El día más blanco :

“Es el río, el torrente sin fin de las palabras cuyas aguas pastosas parecieran querer llevarme a un tiempo que es previo a todo.” Es la primera vez que parece la imagen del río en estas memorias de Zurita, y sabemos cuantos ríos cruzan su obra “las Ciudades de Agua”, como ha escrito secciones enteras mirando mapas hidrográficos de Chile, pero que también ha seguido la instrucción Bíblica de Jeremías: Nombrarás de vuelta los ríos. Y el torrente que sale por la radio son la palabras, y él, Zurita con ellas, con sus aguas, con las que acomoda el cuerpo de su padre en su papel de hijo, de su país como si fuera una de las casas a las que la pobreza los empujó a acoger en sus brazos de palabras. No una imagen de la piedad, sino una piedad tras otra, reflejándose en fragmentos entre sí. En su flujo acuático inagotable, esta piedad y sus inagotables imágenes, responden al pulso de una poeta que se asoma al borde inconmensurable de su propia biografía.

 

4.-AGRADECIDO FIN de texto a Zurita:Por último quisiera decir que yo vivo frente al lecho de un rio seco (Arroyo de los Cachinces), en México, y después de él sólo hay planicies. Los poemas de este libro mientras se escribía me fueron llegando uno a uno o a veces de 6 en 6…otras de 9 en 9. Ahora siento que vivo frente a sus escenarios, y que sus poemas son los muros de mi casa. Gracias siempre por esa incesante correspondencia amigo infinito, que construyó mi dignidad, misteriosamente.

Para ti, hacia París desde mi río seco, celebrando este momento en la distancia. “En llorito la pasarai kumpa Zurita ¿la noche? ¿la noche? ¿la noche?”

 

Valerie Mejer Caso, París, 2018,

Librería Cienfuegos

 

 

[1] Sueños para  Kurosawa, Raúl Zurita, dos capítulos dentro de “Las Ciudades de Agua”.

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