Presentación del libro Un asterisco Polonia de José Kozer, palabras de Adela Busquet
En junio 14, 2017 | 0 Comentarios

José Kozer, un autor que saca a otro del aislamiento

 

 

En julio del año pasado Fernando Herrera me cuenta que a partir de un intercambio de correos con José Kozer -en los que le comenta de Audisea- José le escribe: “Cuenten con mi entusiasmo conspirador.” Entonces es a partir de la generosidad -porque alguien entusiasmado es siempre generoso- de José y de Fernando que este libro tiene inicio y hoy su presentación.

María Zambrano en un ensayo sobre Emilio Prados, dice: “un autor es el que por medio de la palabra saca a otro del aislamiento”. Y Víktor Sklovski, citando a Dostoievsky, dice: “El problema del quijote no era que estaba loco, sino que estaba solo”. Hay una cercanía entre el aislamiento y la locura. 

Si pensamos en Un asterisco Polonia, lo primero para decir sería: Kozer es un autor porque su escritura saca al lector del aislamiento. Cuando leí el pdf que José no envió, me acuerdo muy bien: primo desconcierto por esa cantidad de palabras que van desde un latín muy sobrio, por ejemplo escribe “consummatumm est”, pero enseguida transgrede la solemnidad diciendo “Polonia” y al lado agrega “estoy en Polonius”.  Pero además del latín, José usa un español épico, por ejemplo: “oh muchachos al galope ved” y lo mezcla con un inglés maquínico del estilo -y cito el remate de un poema-: “a) coprolitos, b) copyright, c) Kozer José”.

Lo que queda a la vista es que la poética de Kozer agarra los desperdicios de lo hay. Desperdicios que van desde ese latín más clásico hasta un inglés jurídico comercial mamado en las calles de los años 60 de Nueva York. José cartonea -para usar una palabra muy nuestra- el lenguaje. Lo dice en sus diarios: la poesía y los desperdicios van juntos. Desde lo que excretamos del cuerpo (todos los fluidos y desperdicios corporales) hasta la palabra entendida como una excreción más. La poesía de José se trata de excedentes, de desperdicios, pero también de lo que nos excede, y acá es cuando el desperdicio (o lo que sobra) le da la mano a lo esencial: eso que por excedernos está más allá de nosotros. Podemos decir que José a partir de los desperdicios también encuentra las esencias, lo esencial.

Mejor lo cito directamente. Cuando le preguntan cómo empezó a escribir después de exilio de Cuba a EEUU, dice: “Volví a escribir completamente borracho en las calles de nueva york, con un alcoholismo galopante, escribía poemas como churros.” Y agrega:  “Puedo decir que el alcohol me devolvió el lenguaje y después lo dejé porque sino me iba a matar”. De vuelta vemos lo mismo: José dice que perdió su lengua materna en el exilio y esa soledad lo llevaba en parte a una locura sin realización, sin palabras. Por eso empieza a escribir borracho y por eso, hasta cierto punto le agradece al alcohol el haberle devuelto su lengua. 

Por último, a este poemario hay que darle tiempo. Como dice alguna filosofía, “el tiempo no se tiene, se da”. O sea, no se trata de tener tiempo -darle 10, 20 minutos para leerlo- sino de dar el tiempo, que sería, para decirlo rápido: dejar caer la expectativa. Porque ya sabemos que la posición del expectante es el que en el fondo no deja de relacionarse consigo mismo y la lectura sería una especie de confirmación o des-confirmación de lo que ya sabe que quiere encontrar. Ahí es cuando empiezan las frases: “Kozer es hermético, es muy complejo, etc”. La exigencia del poemario es otra: te pide que como mínimo, no tengas algo fundamental, que no te tengas -y agrego- atado al poste de lo conocido. Por eso cuando buscaba algunos subrayados para leer acá, no podía encontrar un fragmento que diera cuenta de la poética de Kozer porque los poemas de José -a mi juicio- se leen en la duración de cada poema, suelen ser extensos y es la extensión -ese tiempo que lleva la lectura- lo que va armando lo crucial.

No diría que Un asterisco Polonia se trata de un poemario “interesante”, si como algunos dicen “lo interesante sirve para borrar lo siniestro en juego”. Lo de Kozer corre por otras vías….

por Adela Busquet, 15 de abril 2016

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