Palabras de Roxana Artal en las jornadas de poesía
En octubre 12, 2016 | 0 Comentarios

αλληλουχία

Sobre Templo del Mundo de Yannis Yfantís

(A partir de una entrevista de 2015).

 

“Pienso que la palabra hebrea “alleluia” se entiende plenamente solo si aceptamos que procede de la palabra griega “αλληλουχία” (allilouhia), a saber; “secuencia”. “Aλληλουχία” quiere decir que cada cosa contiene todas las cosas y es contenida por todas las cosas. “Aλληλουχία” quiere decir que cada cosa está en relación con el todo y el todo en relación con cada cosa”.
Y. Y.

 

Yannis Yfantís nació en 1949, y es de Grecia. “De la Grecia Moderna, de Bizancio, de la Grecia Antigua”, arrebate. Pero antes, dice, es “hijo de la tierra y el cielo estrellado”, como cuentan los Órficos. Heredero de predicadores y milicianos montañeses de la época del régimen turco –santos, cantores, bailarines, viajeros-, fiel a su apellido –que en honor a sus antepasados significa “Tejedor”-, Yfantís se reúne en el lenguaje con la eterna Naturaleza, ese Cosmos sin comienzo ni fin en el que todas las cosas son una.
En sus versos, el yo poético se transfigura atravesando tiempos y espacios; para él, el poeta no es sino uno con diversos nombres y rostros diseminados en la historia, en el mundo. Para él, “cada poeta es una ola de ese OCEÁNO, cuyo nombre es ESPÍRITU”.
En esta misma línea, en su poema “Siempre aquí” declara: “No hay tema; me encuentro aquí; me encuentro siempre aquí. // Escribí la Canción del Arpista en el 2000 a.C. en Egipto. / Escribí La Odisea en el 800 a.C. en Jonia. / Escribí el Tao Te King en el 600 a.C. en China / Escribí en el siglo XI en Konya el Masnavi o Manavi. / Concluí exiliado en Rávena la Comedia que Bocaccio denominó Divina. / Escribí La Mujer de Sákinzos / Los Cuatro Cuartetos / Zorzal / Mantraspenta. // No hay tema; me encuentro aquí; me encuentro siempre aquí.”
Le pregunto por sus orígenes y responde: “No sé ni cuándo ni dónde nací; buscando la belleza que sana y la verdad que libera, me encontré en los senderos de la poesía”.
Pero tengo el atrevimiento de insistir y entonces Yfantís me cuenta que nació en una casa de campo, en Raína, en el valle de Etolia (en el centro-oeste de Grecia, próximo al Mar Iónico); que sus padres son gente de montaña, ya que sus bisabuelos (isleños y peninsulares) huyeron a los cañadones para salvar sus vidas cuando los turcos invadieron Bizancio (la Grecia Medieval). Sus padres fueron labradores y pastores, cazadores esporádicos, que pescaban en el Aqueloo y sus afluentes.
Acaso de ese pasado surja la veneración que el autor manifiesta hacia la naturaleza: “… la única deidad que acepto en tanto deidad es la Naturaleza (…) Todo ella es un templo”, sostiene. Y agrega: “… algunos consideran que soy un pagano o un dodecateísta. Pero yo creo que las deidades de la Grecia Antigua no son más que los formatos dominantes de los semblantes de la eterna Naturaleza”.
Así es que cuando tuvo que declarar su fe religiosa, en la época de la Junta, se declaró panteísta –incluso aunque sus padres lo hubieran bautizado en el cristianismo ortodoxo-. Hoy día se declara agnóstico, ignorante de todo lo que no puede conocer. Y no vacila en considerarse un religioso por excelencia, al mismo tiempo que reconoce no profesar religión.
Y es que en su poética vibra un fuerte misticismo. “Que vivimos míticamente se nos escapa” sentencia uno de los grandes poemas de Templo del mundo.
Para Yfantís, “las vestimentas y los nombres de los héroes míticos pueden cambiar de una época a otra, pero el núcleo del mito siempre permanece igual”. Y es que el mito, sin duda, nos arroja a una construcción del pasado, y nos lanza, también, a la comprensión del presente. La poesía de Yfantís dice claramente:

 

QUE VIVIMOS MÍTICAMENTE SE NOS ESCAPA

A las sacerdotisas del Arte, Chantal Danjou

y Marie-José Armando;

a nuestros trabajos y días en Bormes les Mimosas

Que vivimos míticamente se nos escapa.
Que el mendigo de la esquina es un rey se nos escapa.
Que quizá seamos ya cerdos en el aprisco de Circe se nos

escapa.

Que quizá esta ciudad nos digiera porque es el estómago de

Caribdis esto se nos

escapa,

Que la lavadora es Polifemo el cíclope al que esclavizamos

esto se nos escapa.

Que el peón que brama al excavar las tierras es un dragón

esto se nos

escapa.

Que la víbora entre las hierbas y entre las piedras es la

esbelta saeta de Apolo

que busca nuestro talón esto se nos escapa.

Que cada motocicleta es la herrumbrosa encarnación de

aquel Aries de Áureas Melenas

se nos escapa.

Que el puerto es el pétreo aprisco de los barcos se nos escapa.
Que todos los barcos llevan a cuestas un vellocino de cabellos

blancos se nos escapa.

Que todos los barcos intentan copiar el vellocino de áurea

melena de la Vía Láctea

sobre las aguas se nos escapa.

Que el agua es un cuchillo que nos desuella mientras

desciende por el vellocino blanco,

rizado, ojiabundante de la enjabonadura de nuestro

cuerpo esto se nos escapa.

Que las toallas de nuestros baños no son musgos alrededor

de la fuente ni tampoco

son los siete velos de Ashtar sino que son los siete

vellocinos del espejo

se nos escapa.

Que la señora que viene al parque con sus tres perros cada

tarde

es Perséfone con el can Cerbero esto se nos escapa.
Que ya hemos sido enterrados esto se nos escapa;
se nos escapa que el Sol que se apoya en la tarde allí en la

colina es el guardián de

nuestro sepulcro, una esfinge, un león

con rostro de espejo y crin de rayos.
Se nos escapa que la Luna es nuestra perdida máscara

mortuoria mientras que ardiente

cual leona avanza con calma mortífera entre la

espesura.

Que vivimos míticamente por completo se nos escapa.
Que el lápiz que sostenemos puede ser la lezna que

encegueció al Cíclope

esto se nos escapa.

Que los pretendientes están aquí y comen y celebran la vida

de Odiseo se nos escapa.

Que como Odiseo el poeta es un extranjero en su propia

casa esto se nos

escapa.

Que ya las almas de los pretendientes se desprenden de la

caverna del cielo y

descienden rechinando al Hades esto se nos escapa.

Que Hermes sin maldad las conduce por los caminos

húmedos hacia la oscuridad

esto se nos escapa.

Que vivimos míticamente se nos escapa.
Que somos sombras y deambulamos por fuera del espejo

del tiempo esto se nos

escapa.

Etolia-Salónica, 1991

En relación a esto, a la magia de este entramado, dice el autor: “Leo los mitos en los libros de los humanos, pero encuentro su interpretación en el Libro del Cosmos y en la vida. En los árboles dragón, por ejemplo, las hojas tienen forma de serpiente y la flor es una lila fálica. Entonces, en una sola planta, en una sola página del Libro del Cosmos, veo escrita toda la historia de la caída del hombre, que comienza con una serpiente, y la resurrección del hombre, que comienza con la ofrenda de una lila a una virgen. Y análogamente, allí están los ladrones que conoció Teseo, los veo, los oigo, aprendo algo acerca de ellos todos los días. La injusticia que atraviesa La Ilíada está sucediendo hoy; aquí, ahora. El cíclope que ve todo con un ojo puede ser un vecino nuestro”.
Y es que necesitamos del mito para poder interpretarnos, y de eso da cuenta la poética de Yfantís en el tono íntimo de un lirismo exquisito.
Creyente del templo del Cosmos, el poeta abre a un mapa sideral de verdades que señalan el origen, el uno; pues “todos los humanos, todos los seres, todas las cosas, son UNO”. Para el poeta, ese cielo es nuestro rostro, “las moléculas de nuestros propios cuerpos cuando nos miramos en el espejo del vacío; cuando nos miramos a nosotros mismos, que somos una ilusión tan completa, que nos percibimos como una realidad absoluta”. Así, el sol y la luna son, en las páginas de Templo del mundo, presencias que se replican en el cielo y la tierra. Dice el autor: “¿Pero qué es el sol? ¿Un disco brillante con rayos al que las flores, que son hijas suyas, se suelen parecer? ¿Una esfera brillante a la que todas las frutas, que son hijas suyas, se suelen parecer? ¿El líder del sistema planetario? Nosotros y los planetas somos sus miembros. Su sangre corre por nuestras venas, en partes amarilla, en partes roja, en partes verde. Él es nuestro corazón y nuestra mente, y nosotros, sus miembros. Lo vemos afuera de nosotros, pero, en realidad, él es el núcleo del cuerpo que abarca todo el sistema planetario y todo lo que existe en este sistema (planetario). La Tierra y todo lo que en ella existe es parte del cuerpo que llamamos el Sol.”
De este modo, los astros recorren la poética de Yfantís. Y así su poesía avanza firme; teje un mapa sin comienzo ni fin, pues “la luz mira a la luz y le da varios nombres”.
Así es como el poeta es también un militante, un creyente de la palabra y de la acción, que considera que la poesía hace que los hombres “se enamoren de la justicia, y odien la injusticia” La poesía, dice, “hace que crezca en los hombres lo que hay de semilla en ellos, pero que duda en crecer. Lleva los hombres al ámbito aquel en el que se conocen y se aman unos a otros. Hace que el hombre redescubra la belleza que sana y la verdad que libera. Hace que los hombres hallen mucho en lo mínimo, y todo (Pan) en la Nada”.

Para cerrar, entonces, quiero leerles un poema escrito en 1976:
 
HISTORIA NEOGRIEGA
 
Veinte años llevo sembrando tabaco; veinte años de

brotes, escardaduras, riegos,

labranza, más labranza y rastrillaje

y plantación y escarda y riego y acumulación y enristrado y

selección e insolado y corte y al final

agavillado

para que venga el mercader a tasar

el 66 por ciento para el estado

el 27 por ciento a su bolsillo

y el 7 por ciento para nosotros

y dentro de ese siete por ciento

estarán abonos, riegos, labranzas, mano de obra,

nuestro curro, nuestras deudas y la vida

que quiere la vida y nada

fuera de ella la consuela.

 

Si la mitad emigramos

si ya no tenemos seguridad

y no nos saciamos con el descanso y el sueño y la comida

no es porque no trabajásemos

no es porque no ahorrásemos

no es porque no fuésemos los afortunados;

es porque nos robaron y nos roban:

No fueron los persas ni los venecianos

ni los turcos ni los alemanes

sino nuestros

jenízaros de la riqueza y la cultura

políticos y académicos

Iglesia y empresarios.

Es porque nos robaban

y nos roban.
 
Cualquier semejanza con nuestras tierras, no es más que pura coincidencia. Muchas gracias.

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